Nuestros testimonios vocacionales

Testimonio Adrián Carballo Palomar

«Si Dios llama, te capacita»”

Adrián Carballo Palomar, seminarista de 3º curso

En un evangelio iba Jesús con sus discípulos y vieron a un ciego de nacimiento, y estos le preguntaron a Jesús: «¿quién peco para que este hombre naciera ciego, él o sus padres?». Y Jesús les respondió: «Ni él ni sus padres, es para que se vean las obras de Dios». Yo nací con una discapacidad visual y en una etapa de la adolescencia esa enfermedad me aplastaba, no podía con ella, me hundía, no la soportaba, y decidí rendirme, no luchar más, pero el Señor se presentó, me rescato, me redimió y me fue explicando el porqué de esa enfermedad, que era «para que se vean las obras de Dios» y para mostrar no un testimonio de un milagro de una curación física, sino uno de que se puede vivir feliz en medio de una enfermedad, solo con Él, con el Señor, así descubrí que el Señor es mi salvador.

Adrián tenía la vida como la de cualquier joven de su edad, rodeado de su familia, amigos y aficiones como el fútbol, la música, las series y los videojuegos. Soñaba con ser periodista deportivo, y por eso inició sus estudios en Periodismo, aunque no los terminó. Más adelante, aprobó una oposición como Auxiliar Administrativo en la Universidad de Sevilla y cursó un Grado Superior en Administración y Finanzas. Incluso comenzó a estudiar Teología antes de ingresar formalmente en el Seminario.

El descubrimiento del amor incondicional de Dios, una experiencia dolorosa con una amiga muy cercana, a través de la oración, le enseñó a perdonar, a renunciar a su justicia y a acoger la suya.

Buscaba una vida “estándar”: enamorarse, casarse, tener un trabajo estable, pero no encontraba su sitio. Sentía que el mundo le fallaba por todos lados. Fue entonces cuando, hacia finales de 2019, empezó a pensar que quería dedicar parte de su vida a Dios. Esa inquietud creció hasta convertirse en una llamada clara a consagrar su vida completamente al Señor.

Comenzó un proceso de discernimiento acompañado por los sacerdotes de su parroquia, Don Alberto y Don Manuel Talavera. Ellos le ayudaron a entender que lo que sentía era una verdadera vocación sacerdotal. Su párroco le describió las características que debía tener un sacerdote, y se reconoció en ellas. Así, empezó a llamar a la puerta del Seminario.
Durante este camino, también fueron fundamentales sus catequistas, su familia, los feligreses de la parroquia y la Pastoral Vocacional del Seminario de Sevilla, especialmente Don Antero, quien lo acogió y confió en él.

Cuando tomó la decisión de ingresar en el Seminario, su familia y amigos lo recibieron con alegría. Lo veían feliz y convencido, y desde entonces han sido un apoyo constante en su formación y vida espiritual.

Adrián nació con cataratas congénitas y glaucoma infantil. A los ocho meses fue operado de Síndrome de Peters en la Clínica Barraquer de Barcelona. Desde entonces, ha pasado por varias intervenciones y mantiene una visión limitada: 0,16 en el ojo derecho y 0,05 en el izquierdo, con un 78% de discapacidad sensorial. Gracias a la ONCE y a herramientas adaptadas, como una tablet con aplicaciones especiales, puede estudiar, proclamar lecturas y participar plenamente en la vida litúrgica.
Al principio dudó si podría ser sacerdote. Se preguntaba cómo podría leer los libros litúrgicos, servir en el altar o dar la comunión. Pero el Señor le mostró que si Él llama, también capacita. Poco a poco fue rompiendo sus miedos y barreras, y le dio los medios para vivir su vocación con plenitud. Hoy, Adrián proclama la Palabra, sirve en el altar y vive con alegría su formación sacerdotal, confiando en que Dios siempre provee.

Además, colabora como auxiliar del director del coro del Seminario, ayudando a organizar los cantos para las celebraciones litúrgicas. Estas experiencias lo enriquecen y lo preparan para el ministerio al que el Señor lo llama.

 

«Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.» (Rom 18, 8)